Santiago Vilella

Glass, manual del no-periodista

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santiblogEscribir algo para que eso sea leído por el resto tiene ineludiblemente que ampararse bajo alguno de los dos pactos: el de la realidad o el de la ficción. En los productos periodísticos la realidad, o al menos la verdad vista por los ojos del periodista, es la que debe primar, aunque disfrutemos en muchas ocasiones de ciertas lecturas que están enmarcadas en papel prensa y que en ocasiones cueste creerlas verídicas pese a lo aparentemente costumbrista de lo relatado.

Es un atentado tanto para el medio que publica como para el periodismo que un periodistas resquebraje ese acuerdo de afirmar que lo que se va a contar en su artículo es cierto. Stephen Glass, “prestigioso” redactor de la revista The New Republic, osó romper el pacto moral con sus lectores y dar por ciertas historias y fuentes inventadas de la a a la zeta . Fue su fin como periodista y su inicio como abogado, aunque no le fuera fácil entrar en el Colegio de esta profesión.

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Portada de la película de Billy Ray, “El precio de la verdad”.

La historia de Glass se narra perfectamente en la película de Billy Ray, El Precio de la Verdad. Todo empieza cuando a AdamPenenberg, periodista de Forbes Digital encargado de la sección de Tecnología, comienza a investigar una supuesta convención de hackers en Washington así como la historia y los supuestos tejemanejes de un joven pirata informático que extorsionaba a compañías desarrolladoras de software obteniendo abundantes beneficios. Paso a paso, Penenberg desmontará el artículo titulado Hack Heaven, la que sería la última historieta de Glass.

El periodista de Forbes Digital comenzó a indagar sobre el asunto. Comprobó bases de datos de diversas índole, teléfonos, páginas web… y no obtuvo ningún resultado. Le fue suficiente con únicamente comprobar y contrastar las supuestas anotaciones de Glass para desmontar todo el circo que el joven periodista había montado. A las preguntas casi inquisitoriales de Forbes Digital con respecto a las fuentes y notas tomadas por Glass, se unió al poco tiempo la petición de explicaciones del mismo director editorial de The New Republic, Charles Lane.

Lane exigió a Glass que le mostrase todos y cada uno de los escenarios en los que se había llevado a cabo la historia del adolescente pirata informático. Sin embargo, una vez comprobados los escenarios de la narración sobre el terreno, en la reconstrucción de los hechos, el propio Lane se percató de lo imaginario e irreal de la historia de Glass. Todos los controles del aparato de The New Republic habían fallado, se les había colado no solamente una historia con tintes más fantasiosos que reales, sino concretamente 21 de las 47 que llegó a publicar. La excelente labor literaria de Glass en TNR se finiquitó con su despido, con unos cuantos artículos en Forbes informando del lamentable asunto -a este artículo le siguieron otros muchos explicando la engañifa, como este en ABC-, y con un artículo  firmado por la Redacción de The New Republic, pidiendo disculpas por haber publicado relatos de ficción en páginas destinadas a la narración de historias reales.

Pero, ¿qué falló en el férreo autocontrol de datos y fuentes del que se mostraban más que orgullosos en The New Republic? ¿Por qué se dieron por buenos una gran cantidad de artículos que fueron inventados? Los amiguismos y el arrimarse al árbol que más cobija puede ser la respuesta a esta pregunta. Glass gozaba de una gran simpatía por parte de los jefes y actuaba de líder moral de sus compañeros -al menos es lo que se refleja en la película-. La Redacción le trataba como un maestro, acogían sus correcciones con la cabeza gacha y casi pidiendo perdón, y se pensaban más de una vez el corregir los artículos provenientes de su pluma.

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Al parecer, la actitud de Glass hacía que todo lo que proviniera de él se catalogara inmediatamente como de excelente. Sus compañeros incluso querían parecerse a él, querían contar historias como lo hacía él abandonando en muchas ocasiones el rigor periodístico propio de la publicación en la que trabajaba.

Por su parte, los directores editoriales también poseen en esta historia su parte de culpa al ser los responsables últimos de lo que se publicaba en la revista que dirigían. Según refleja la película, el director Michael Kelly -sustituido más tarde por Charles Lane, quien despediría a Glass- era considerado por sus redactores como un amigo o un camarada más que como a un jefe. Quizás esa aparente permisibilidad, heredada en cierta medida por Lane, dio aún más alas a la propia iniciativa literaria (entiendase como contraria a la veracidad del periodismo propiamente dicho) de Glass.

Con este caso queda más que suficientemente claro que los medios en papel, por el simple hecho de ser en papel, no tienen por qué ser más veraces que los que se publica en la web, y viceversa. El periodismo se basa principalmente en la contrastación de un mismo hecho con distintas fuentes, en contar historias veraces, y para conseguir esto no importa en qué formato vaya a publicarse el artículo. Los medios (prensa, radio, televisión e internet) son solo un simple altavoz que hace llegar a más gente lo que el producto que el periodista elabora.

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